En Ciudad de México, la mejor aliada de una ciclista es otra ciclista

La brecha de género no solo existe en los sueldos, sino también en el uso de la bicicleta. Agrupaciones que promueven el ciclismo están haciendo talleres de mecánica y organizan rodadas, pero falta promoción desde el gobierno.

“Cada vez que salgo en bicicleta, al menos una persona me dice algo”, se lamenta Gaby Cruz, 28, residente de Ciudad de México. “Hace poco, yo iba sobre una avenida en mi bici y un viejito venía en su bici en contrasentido... Yo pensé ‘no le voy a decir nada, le voy a dejar pasar’. Pero justo cuando me pasó, dice con una voz súper lasciva, ‘¡ay, mamita!’”.

El acoso callejero es un hecho generalizado en la Ciudad de México. Un 72% de mujeres en la capital azteca ha reportado haber sido víctimas de algún tipo de violencia sexual. Pero, a pesar a los piropos y chifles que ha recibido cuando anda en bicicleta, Cruz prefiere este medio de transporte a cualquier otro. “En la bici me siento más segura. Puedo salir rápido en cualquier momento. Pero si voy caminando, es más incómodo”.

El acoso es solo uno de los retos que las ciclistas mujeres de la Ciudad de México tienen que enfrentar. Solo son un 10% de los ciclistas en la capital mexicana, pero están organizándose para aumentar este número.

“Existimos para dar las herramientas necesarias a las chicas para que puedan andar en bicicleta”, dice Vianney Cruz Arroyo, integrante del colectivo La Rueda Violeta.En 2016, los miembros de esta agrupación se conocieron en rodadas de bicicleta de montaña. Viendo que eran pocas mujeres, empezaron a impartir sus propios talleres de bici-mecánica, organizar rodadas para principiantes y compartir información práctica en un blog.

Otro grupo de mujeres ciclistas es Mucha Morra, fundado en 2013. Alejandra Medina, bicimensajera de la Ciudad de México, explica que el colectivo empezó como equipo deportivo. Pocas mujeres competían en las carreras urbanas, y Medina y cinco ciclistas más empezaron a reunirse y entrenar juntas. Hoy van más allá de las carreras y se dedican a promover el ciclismo femenino en la ciudad.

“Platicamos sobre qué nombre ponerle al grupo. Decidimos por Mucha Morra por la potencial que podíamos tener juntas”, dice, refiriendo a un término mexicano para decir ‘chica’.

De las seis fundadoras, ahora Mucha Morra vincula cientos de ciclistas en la ciudad a través de redes como Facebook y Whatsapp. En el último año, Mucha Morra ha organizado carreras urbanas y convocado charlas sobre temas como ciclo-turismo para mujeres.

Cómo incluir a las mujeres en una ciudad ciclista

A pesar de ser un 52.6% de la población de la Ciudad de México, solo una de cada seis ciclistas en la capital es mujer. Según datos de la Secretaria de Medio Ambiente de la Ciudad de México ( Sedema), de 2008 a 2016, el porcentaje de mujeres ciclistas ha vacilado entre un 10% y un 13%.

Pero el volumen total de ciclistas -de ambos géneros- se ha disparado en estos años. De 2008 a 2016, los datos reportan un incremento de un 496%, con un total de 158,524 viajes diarios en bici en la ciudad. Sedema ha invertido en infraestructura ciclista desde 2007 y Ciudad de México tiene el sistema de bicicletas públicas más grande de América Latina ( Ecobici).

Lamentablemente los estudios públicos no han profundizado en por qué el porcentaje de mujeres en bicicleta no ha subido. No hay programas gubernamentales que se enfocan en la brecha de género existente en este medio de transporte.

Lo cierto es que las mujeres tienen necesidades de movilidad distintas a los hombres. Un estudio del GIZ, la agencia de desarrollo alemana, define que las mujeres tienen “trayectos numerosos y complejos” y “rutas variadas”. Suelen hacer viajes “acompañadas por hijos”, “cargadas con bultos, compras o carritos para bebés”. Además, estos están caracterizados por una “alta percepción de la inseguridad”. En cambio, los viajes de los hombres se caracterizan por tener “trayectos escasos, simples y repetitivos”. “Rara vez llevan carga consigo”, dice el documento, y tienen una “baja percepción de la inseguridad”.

Imagina una madre soltera cuyas responsabilidades incluyen dejar sus niños en la escuela, hacer las compras, ir al trabajo, acompañar sus niños a citas médicas o actividades deportivas y cualquier otra necesidad que sale en el día. Todos estos factores complican el uso de la bicicleta.

A su vez, las ciclistas de la Ciudad de México también han identificado barreras para las mujeres. Isabel Méndez, integrante de la Rueda Violeta, considera que la estructura de las familias tiene un impacto. En muchas de ellas, son los hombres que tienen bicicletas y las mujeres, no. Una bicicleta es un regalo muy común por los niños, pero no tanto para las niñas.

También está el tema de la mecánica. “Para las principiantes, un miedo principal es que vayan a tener un problema mecánico que no pueden resolver”, explica Cruz Arroyo, de la Rueda Violeta. Desde la niñez, las mujeres tienen pocas oportunidades para aprender sobre estos temas. Pero ellas también ven discriminación en los talleres de bicicleta.

Gaby Cruz dice que anteriormente eso le impedía usar su bicicleta. “Todos te dicen, ‘No te acerques ahí al taller, hay muchos hombres, te van a decir algo, te van a manosear’”. Pero las integrantes del colectivo han decidido aprender y enseñar a otras mujeres habilidades mecánicas.

Acciones ciudadanas hay, pero falta acción política

En Ciudad de México, la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), ha invertido en un sistema de bicicletas públicas ( Eco Bici), instalado carriles dedicados a bicicletas en varias partes de la ciudad, y organiza eventos públicos para fomentar el ciclismo.

Aunque el programa no ha sido explícitamente diseñado para mujeres, un mayor porcentaje de mujeres participa en Ecobici. Un 37% de los usuarios del programa son mujeres, cuando solo son 10% de los ciclistas en total. De acuerdo a estas cifras, podemos inferir que Ecobici es conveniente para las mujeres que no tienen una bicicleta propia y, debido a que la Ciudad mantiene las bicicletas, ellas no tienen que preocuparse por la mecánica. Las bicicletas públicas también son una solución por las personas que tienen rutas variadas o numerosas, porque puedes dejar la bicicleta después de un viaje para subir al metro o a caminar.

La ' Biciescuela', un programa de educación para potenciales ciclistas que se lleva acabo los domingos y durante el verano, también tiene beneficios directos para mujeres. Ellas representan un 54% de los participantes.

Sedema no ha planteado programas especiales para mujeres, pero iniciativas como Ecobici y la Biciescuela pueden contribuir a cerrar la brecha de género en el ciclismo urbano. Para motivar la participación de más mujeres, el gobierno podría tomar pasos más pro-activos, como hacer publicidad enfocada a mujeres, o ofrecer descuentos para Ecobici.

El desequilibro en el uso de la bicicleta existe en toda la región. En Quito, Ecuador, se estima entre un 32% y un 38% de los viajes en bicicleta son efectuados por mujeres, pero en la ciudad de Medellín, Colombia, se estima que son tan solo un 5%.

Pero las ciclistas de la Ciudad de México no son las únicas organizándose. En Chile existen iniciativas para dar enseñar a mujeres andar en bicicleta, como la Escuela Bici Mujer de Macleta en Santiago En Salta, Argentina, está Mujeres Bici-bles. En Quito, Ecuador, existe la iniciativa Todas en Bici de Ciclópolis.

Estas organizaciones y sus eventos pueden ser sumamente útiles. Gaby Cruz, de 28 años, tiene tres años usando su bicicleta, pero hasta hace poco la usaba solo los domingos, cuando se cierran calles a los automóviles en Ciudad de México. Eso cambió el mes pasado, cuando Cruz decidió empezar a ir al gimnasio en ella, para evitar el metro.

Es un recorrido de más de 15 kilómetros. “A principios sufrí mucho porque tenía mucho miedo a los coches. En la noche me sentía muy invisible a los autos”, dice. Para tener más confianza, Cruz se acercó a La Rueda Violeta y asistió a una rodada a finales de junio. En esta pudo aprender una serie de técnicas, incluyendo cómo lidiar con el tráfico.

“Aprendí que en la ley de tránsito, los ciclistas tenemos derecho a usar todo el carril”, dice Cruz. “Antes yo siempre me pegaba muy a la derecha del carril y creo que por eso sentí que los coches no me veían. Ahora estoy aplicando lo de usar todo el carril y las chicas tienen razón, los coches te dan más espacio así”.

¿Es esto suficiente para que las más mujeres utilicen la bicicleta? Ayuda, pero probablemente no es suficiente para acortar la enorme brecha de género que existe. Mientras tanto, colectivos como La Rueda Violeta y Mucha Morra siguen haciendo su trabajo e impulsando a otras como Gaby Cruz. Ella, y estas organizaciones, seguirán tratando de dar el primer impulso para solucionar este problema. “A veces los hombres quieren hacer todo por ti y no aprendes a hacerlo sola”, concluye Cruz. “Pero si no te atreves, ¿cómo vas a saber si lo puedes hacer?”.

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