El FMI alerta de que una ruptura del TLC afectará al crecimiento de México

México es mucho más resistente de lo que podría esperarse frente a un entorno externo adverso. La negativa: que el crecimiento económico sigue desacelerándose en medio de una gran incertidumbre sobre el futuro del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC), el mayor pacto comercial del planeta, que hoy pende de un hilo. La economía mexicana se expandirá un 1,9% en 2018, dos décimas menos que este año y cuatro menos que en 2016, según las cifras hechas públicas este lunes por el Fondo Monetario Internacional (FMI).

El consumo privado seguirá siendo, este año y el próximo, el principal impulsor de la actividad junto con las exportaciones manufactureras —que batirán un nuevo récord en 2017 pese a la retórica proteccionista de la Administración Trump—. El punto más débil de la economía mexicana seguirá siendo la inversión, tanto pública como privada, que se ha visto debilitada por una combinación de dos factores: el plan de consolidación fiscal puesto en marcha por el Gobierno federal y la citada incertidumbre sobre el TLC, que ha puesto en cuarentena importantes desembolsos de empresas que planeaban instalarse o redoblar su apuesta por México. Y hasta que no se concrete el futuro del pacto comercial, las dudas seguirán pesando sobre la inversión privada en un país cuyo PIB depende en un 14% de los intercambios con EE UU y Canadá.

Las elecciones presidenciales de julio del año próximo también son, a juicio del Fondo, un factor de riesgo para el crecimiento de la segunda mayor economía de América Latina. La posibilidad, no explicitada por los técnicos del organismo, de que Andrés Manuel López Obrador (Morena) alcance la presidencia de la República, podría afectar al desempeño mexicano en los próximos meses. "La incertidumbre sobre el panorama político tras las elecciones de julio de 2018 es el mayor riesgo doméstico y podría afectar negativamente al clima inversor", subraya el FMI en su capítulo IV, el mayor informe anual sobre cada de uno de los Estados miembros. El Fondo incide, además, en el hecho de que López Obrador es el único candidato confirmado hasta ahora: el resto de partidos aún deshoja la margarita y los independientes todavía siguen buscando las firmas necesarias para poder concurrir a los comicios. "Se espera que el crecimiento se acelere en la segunda mitad de 2018, a medida que se resuelve esa incertidumbre", añade.

Fiel a su línea ortodoxa, el Fondo Monetario pone en valor la "respuesta apropiada" de las autoridades mexicanas ante los recientes "choques externos". Muy especialmente, su compromiso con la estabilidad fiscal: "En los dos últimos años han cumplido con los objetivos y están camino de cumplir también en 2017", subrayan los técnicos del FMI. Pero quieren más. "Recomendamos reducir las exenciones del IVA e intensificar los esfuerzos para reducir la evasión fiscal". El mayor espacio fiscal que se consiga con estas acciones, así como con un aumento de la eficiencia en el gasto, los técnicos sugieren que se destine a la "muy necesaria" inversión en infraestructuras. El organismo también insiste en la necesidad de crear un consejo fiscal independiente, al que se opone el Ejecutivo de Enrique Peña Nieto (PRI). A cierre de este ejercicio, la deuda pública mexicana debería bajar hasta el 53,8%, frente al 58,4% de 2016.

Donde sí hay tirón de orejas es en el plano social. "México ha implementado varios programas para combatir la pobreza en el periodo 1997-2014. Sin embargo, la tasa de carestía ha seguido aumentando en los últimos años". El número de personas que vive con menos de 3,1 dólares al día sigue siendo notablemente superior a la media de los seis mayores países de América Latina —Brasil, México, Argentina, Chile, Colombia y Perú—. "El progreso [en materia de pobreza] es alto y las desigualdades regionales siguen siendo altas", subraya el Fondo.

Inflación a la baja

La escalada de precios ha sido uno de los factores económicos más adversos para la economía mexicana en 2017. En agosto, la inflación tocó un máximo de un 6,66% —la cifra más alta en más de ocho años— y desde entonces, aunque muy ligeramente, ha ido moderándose. Sin embargo, este es el frente que menos preocupa al FMI, que no cree que el problema vaya a ir mucho más allá: gracias a la acción del banco central, que ha elevado los tipos de interés hasta el 7%, "la inflación caerá abruptamente desde principios del año próximo a medida que los efectos de la fuerte subida de carburantes se disipe y el endurecimiento de la política monetaria tome efecto".

Según las cifras del organismo, los precios convergerán a cierre de 2018 con la meta del Banco de México (entre un 2% y un 4% anual). A la luz de las cifras actuales —tanto en septiembre como en octubre el incremento anual de precios ha seguido por encima del 6%—, el regreso al objetivo sigue lejano.

Reformas estructurales

El aplauso del Fondo a la agenda reformista del Gobierno mexicano es una constante en sus últimos informes. Y esta vez no es una excepción: "Se ha hecho un progreso importante", subrayan los especialistas del organismo comandado por Christine Lagarde. Sin embargo, los especialistas del FMI reconocen que su efecto sobre el crecimiento ha sido notablemente menor del inicialmente pronosticado. Cuando se aprobó el ambicioso paquete reformista —que incluía cambios en los mercados energéticos, financiero y de telecomunicaciones—, en 2012, el Ejecutivo mexicano predijo que el crecimiento se dispararía hasta el 4% o 5% anual, frente al escaso 3% registrado en las dos últimas décadas. El FMI, por su parte, vaticinó un crecimiento de entre un 3,5% y un 4%.

"Estas tasas de crecimiento han sido demasiado optimistas", reconoce el ente con sede en Washington. "Sin embargo, la evidencia apunta a que este tipo de reformas tardan entre tres y siete años hasta que dejan sentirse, en toda su extensión, sobre el crecimiento económico". Pese al decalaje, el Fondo subraya la necesidad de una "mayor" acción reformista por parte de las autoridades mexicanas. En síntesis: las reformas han sido positivas, pero insuficientes. Y tanto el Gobierno como el FMI han sido demasiado optimistas en sus cálculos de impacto.

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