Cambio de mando en dos instituciones clave para la economía mexicana

Relevo en dos caras visibles de la Administración mexicana en materia económica, pero continuidad en su línea a seguir. Dos instituciones clave para la segunda mayor economía de América Latina tienen nuevo jefe desde este lunes: la aspiración presidencial del hoy secretario (ministro) de Hacienda y Crédito Público, José Antonio Meade, ha precipitado relevos en cadena no solo en Hacienda, sino también en Petróleos Mexicanos (Pemex). Los nuevos máximos responsables de ambas instituciones apuestan, al menos a priori, por la continuidad en las políticas implementadas por sus predecesores.

 Al frente de la cartera gubernamental más importante en materia económica se pondrá el hasta hoy director general de Pemex, José Antonio González Anaya(Coatzacoalcos, Veracruz, 1967), a quien a su vez relevará en la petrolera Carlos Treviño, hasta hoy director corporativo de Administración y Servicios de Petróleos Mexicanos y uno de los hombres de confianza de su hasta hoy jefe en la mayor empresa pública mexicana. Treviño, como Meade y González Anaya, ha desempeñado parte de su carrera profesional en Hacienda, la mayor cantera de cargos públicos en el ámbito financiero del país norteamericano.

Los cambios, comunicados este lunes por el presidente Enrique Peña Nieto (PRI), llegan en un momento clave para México: aunque la economía se ha resentido este año menos de lo inicialmente previsto, la compleja renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) –en la que el país norteamericano se juega el 80% de sus exportaciones–, la inflación –que cabalga por encima del 6%, su nivel más alto en 16 años– y el bajo crecimiento del PIB per cápita se han convertido en retos mayúsculos.

Para los próximos días se espera un tercer cambio de relevancia: el nombramiento del relevo de Agustín Carstens al frente del Banco de México, cargo para el que su número dos, Alejandro Díaz de León, es máximo favorito. Peña Nieto, sin embargo, no ha hecho ninguna referencia a este asunto en su breve comparecencia. Carstens dejará la jefatura del instituto emisor este jueves para asumir la dirección del Banco Internacional de Pagos (BIS, por sus siglas en inglés), el coordinador de los bancos centrales de todo el mundo.

Perfiles similares en Hacienda

Las similitudes entre el antiguo y el nuevo titular de Hacienda –donde un José Antonio (Meade) da paso a otro José Antonio (González Anaya)– van mucho más allá de esa coincidencia nominal. Quienes conocen a ambos no dudan en subrayar los puntos en común entre ambos perfiles: dos técnicos que, desde hace años, desarrollan su carrera en la Administración federal, con formación internacional –tanto Meade como González Anaya estudiaron en prestigiosas universidades estadounidenses– y con un historial, hasta donde se sabe, sin mácula. Esta última es una cualidad trascendental para cualquiera que busque un cargo público, en tanto que la corrupción se ha convertido, junto con la inseguridad, en el mayor motivo de preocupación de la ciudadanía.

A sus 50 años, José Antonio González Anaya da un salto de gigante en una ya de por sí acelerada carrera en la esfera gubernamental mexicana. Menos de dos años después de asumir la dirección general de la petrolera estatal Pemex, el ingeniero mecánico y economista por el prestigioso Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) se convertirá en el nuevo zar de las finanzas públicas de la segunda mayor economía de América Latina.

González Anaya es uno de los economistas con mayor proyección en la esfera pública mexicana, pero en los dos últimos años su ascenso en la escala de poder federal ha sido meteórico. Tras comandar, entre 2012 y 2016, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en febrero del año pasado se hizo cargo de Pemex en plena crisis financiera y de credibilidad de la petrolera estatal, y con el precio del petróleo bajo mínimos. Casi dos años después deja la mayor empresa pública de México en una situación todavía comprometida: la cuenta de resultados sigue en rojo y los problemas de liquidez, aunque algo aliviados, todavía permanecen. Pero su paso por la jefatura de Pemex deja tres señas de identidad: el fuerte recorte en la estructura de costes, los puentes tendidos para la colaboración con petroleras extranjeras en la exploración y explotación de recursos, y la lucha contra la corrupción interna, al transparentar los contratos firmados por la petrolera estatal. Buena parte de la tarea del nuevo titular de Hacienda ha sido, en definitiva, diferenciarse de su predecesor, Emilio Lozoya, hoy investigado por el supuesto cobro de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht.

 Amigo –y concuñado– del ex presidente Carlos Salinas de Gortari (PRI), González Anaya ya conoce las interioridades del departamento del que se pondrá al frente. Fue asesor del todavía hoy gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, cuando éste era titular del ramo, y ocupó la Subsecretaría de Ingresos. Ahora, aunque por corto periodo de tiempo –las elecciones presidenciales mexicanas serán en julio del año que viene y el Gobierno de Peña Nieto permanecerá interinamente en el poder hasta enero de 2019–, al hasta hoy jefe de Pemex le espera el mayor reto de su carrera.
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